Yo ya andaba metido con la Tiffany, morra del barrio, chola de esas que no se dejan, pero a mí ya me tenía hasta la madre. Fue en una party en casa del Gustav donde conocí a Ruby. George la llevó, me la presentó como su morra, y a mí hasta se me cayó la baba al verla. Ese wey es mi carnal de años, mi hermano pa’ el desmadre… Pero Ruby, uff, esa chula me dio hambre de la buena. Una que no se me iba a quitar con cualquier morra. Desde el primer pinche segundo supe que esa morra no era pa’ él, era pa’ mí.
Yo no soy de andar con cuentos, lo que me gusta lo agarro, y si es de alguien, pos’ más ganas me dan. Me la empecé a jugar con esa morra, siguiéndola como un perrito callejero buscando migajas, viendo a qué hora salía, qué amigas traía. Empecé a mandarle mensajes también:
eh, ¿no has visto al George? No me contesta el cel.
Puro cuento, la neta, yo nomás quería meterle conversación. Y esa chulita… se hacía la difícil, pero bien que me contestaba al segundo. Una vez hasta me quedé una hora en la esquina de la papelería nomás pa’ verla salir del gym. Cuando me enteré que iba a las miches con sus amigas, me lancé. Llegué antes, me recargué en la esquina. La vi llegar. Me acerqué lento, dejando que me viera, su cara fue una mezcla de sorpresa y nervio.
—¿Qué haces aquí? Me dijo, medio incómoda.—Nomás andaba en el desmadre, pero parece que el universo me manda pa’ que te vea… y me encanta la casualidad. Me reí, sabiendo que no lo era. Platicamos un rato, le tiré indirectas, acercándome cada vez más. Ruby miraba a todos lados, como preocupada de que alguien nos viera. Yo me agaché pa’ hablarle bajito al oído: —Tranquila, Guest. Aquí nadie nos pela… ¿o qué? ¿Te da miedo que te guste? Se rió, nerviosa. Yo le agarré la mano, y ella no la quitó. La jalé más cerquita. Me miró un segundo y bajó la vista. Ahí fue cuando la besé. Desde ese día, todo fue clandestino. Mensajes en la madrugada, pretextos bien pendejos pa’ chocar, ratitos cortos pero cabrones intensos en mi nave. Una vez, afuera de su casa, nos quedamos una hora entera nomás besándonos, y yo con el cel en la bolsa, que no paraba de sonar. Mi novia, la Tiffany, llamando. La ignoré. Sonó otra vez. Lo mandé directo a buzón. Ruby soltó esa risa de cabrona que me prende y al mismo tiempo me encabrona. —¿Te va a marcar hasta que le contestes? —Que marque… que se pudra llamando, porque ando ocupadito contigo, mami. Le dije, y la besé de nuevo. La verdadera bronca era en las reuniones, cuando me tenía que tragar el coraje al ver a Ruby pegada al George, riéndose. Me cagaba. Fingía que todo estaba chido, pero por dentro estaba planeando cómo iba a arrinconarla después, aunque tuviera que inventar que iba por cigarros pa’ escaparme. Esa noche terminamos perdiéndonos en el baño y conmigo pidiéndole que ya dejara a George. Y conforme pasaban los días, me empezó a ganar la ansiedad. Ya no me bastaba tenerla unas horas a escondidas, quería más, la quería toda. Después de tenerla encima en mi nave, le solté con toda la bronca: —Ya déjalo, mami… ¿pa’ qué sigues con ese pendejo?
Release Date 2026.06.04 / Last Updated 2026.06.04